Digo que para mí es el mes del amor porque separarse, ya sea en plan bien o en plan mal, provoca que tu cabeza vaya uniendo las vivencias más tiernas -y cursis- de las relaciones románticas. La cuestión aquí es hacerse daño todo el rato. Ay, cuánto echo de menos tu olor. Ay, qué rico estaba el salmón que me preparabas. Ay, cuando me decías que me olían los pies. Todas esas cosas básicas del amor, vaya. Te entra la nostalgia y vas viendo con claridad por qué te enamoraste, por qué le pusiste la zancadilla para que acabara viviendo contigo, por qué desconectas cuando empieza a hablar de videojuegos. Y así.

En esas estaba, cuando empecé a leerme un libro que quizá hubiera sido más sano dejar para otro momento de más cercanía amorosa, pero recuerden, #iamdramaqueenEl amor después del amor (Bridge, 2018). Ahí es nada, eh. Tenía el libro desde octubre, me parece, y solo es ahora cuando voy a por él. Buena chica. Si hay drama y amor, como ya saben, tiene que ser para mí. El libro es de esos preciosos con los que llenarías tu biblioteca Pinterest. En la portada aparece la melancólica mirada de Joaquin Phoenix en Her.Ya pueden ir adivinando. Lo curioso del libro es que es una recopilación de historias de amor con feliz principio y final triste. (Por si no había tenido bastante con Feliz final, de Isaac Rosa). La autora es Laura Ferrero, quien me sorprendió muy gratamente con su novela Qué vas a hacer con el resto de tu vida (Alfaguara, 2017) por su estilo personalísimo y apasionado y, sobre todo, porque te habla de sí para ti. Con toda esa intimidad. 

Murcia Inspira - Lecturas de una librera (Capítulo 2)

En esta suerte de enciclopedia del amor efímero que es El amor después del amor, disfrutamos de la delicadeza y el cariño con el que Ferrero elabora cápsulas de amor deshidratado que son ilustradas por Marc Pallarès con un estilo indie y colorido, que le aporta una visión más que optimista al tema más triste de todos los tiempos. Lo siento, pero ya no te quiero. 

Zooey Deschanel y Ben Gibbard, Man Ray y Lee Miller, Sofía Coppola y Spike Jonze, Marguerite Duras y hasta Christina Rosenvinge, Nacho Vegas y Ray Loriga. Un paseo por las insignificancias, anécdotas y tragedias (gracias Alberto) que luego llenarán el Museo de las Relaciones Rotas.

¿Por qué nos gusta tanto hablar de amor? ¿Por qué? ¿Por qué? Yo no lo sé, lo siento.

Había relaciones que conocía, otras de las que no conocía ni a sus participantes, pero cada una te deja con ese sabor amargo del café sin azúcar que se queda contigo más de lo que te gustaría. Pareciera que los intelectuales o los artistas amasen de manera diferente al resto de los mortales, pero la realidad es que nada más lejos, que duele igual ese cepillo de dientes olvidado, esa foto malgastada, esas llaves sin dueño, seas mecánico o actor. A todos nos duele ese punto justo debajo del pecho hacia la izquierda cuando vamos a dormir y las sábanas no dejan de estar frías. Lo que ocurre -y gracias- es que los escritores, los cantantes, los escultores, se empeñan en darle forma a ese dolor para que a los demás no se nos congelen los pies. Pero todos hemos tenido historias de amor indómitas, estoy segura, por eso nos gustan libros así, porque nos vemos en ellos, nos lloramos en ellos y nos recuerdan que quizá no hoy, pero sí pronto, podremos coger un avión. 

Ya no será, ya no será, ya no viviremos juntos.

Idea Vilariño