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Asegura que su nuevo trabajo, ‘Oscura’, “es lo más negro y siniestro, lo más lejano y feroz” que han hecho hasta la fecha. ¿Qué es lo que más le atraía a la hora de dar este salto a lo salvaje y tenebroso? 

Hacer algo nuevo. Siempre que uno idea algo que se distancia de lo que suele hacer es especialmente estimulante y excitante. Es lo que tiene la novedad.

 ¿Cómo ha sido este proceso de búsqueda de canciones sumergidas en las sombras?

Todo empezó el verano pasado en una casa rural que alquilamos a modo de estudio y de retiro espiritual. Fue allí cuando empezó a surgir la idea de que las canciones nuevas no tuvieran un tratamiento al uso, en relación al rock que llevábamos haciendo hasta entonces, sino más íntimo, crudo y profundo. Además, las letras y melodías que fui escribiendo tendían hacia lo siniestro y tenebroso, por lo que había que darle también una sonoridad acorde. Eso fue lo que nos hizo dirigirnos hacia ese terreno.

¿Cómo ha influido este paréntesis entre su anterior obra, el magnífico ‘Yes, I’m Special’, y ‘Oscura’? Me refiero a un nivel tanto personal como profesional.

Ha supuesto una renovación y un cambio de aire. Necesitábamos coger también un poco de perspectiva porque estábamos sumergidos en una gira que no nos permitía parar ni reflexionar. 

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¿Cuál fue la canción que significó el punto de partida para este disco?

‘La sombra’. Y ahora que reflexiono para contestarte fíjate que ha sido así, que he estado un año y medio en la sombra, dedicándome a otros menesteres (risas).

‘Oscura’ supone, además, su primer trabajo castellano. ¿Por qué era el momento ahora, y no antes ni después, para dar este giro?

Como todo lo que hacemos, ha sido fruto de un proceso natural. Aunque yo nunca descarté cantar en español, ¿eh? Pero fue a raíz de ser madre, cuando empecé a cantar nanas en español a mi hijo, algunas tradicionales y otras inventadas, y comencé a escucharme cantar en castellano, algo que no hacía antes. He disfrutado mucho descubriendo esa nueva faceta y estas nuevas sonoridades. Además, este cambio ha hecho que ahora, cuando cojo la guitarra, las melodías las empiezo a componer en español.  

Cuando uno rompe de una manera tan contundente con su pasado, aunque solamente sea en relación al idioma, ¿cómo es esa última conversación con uno mismo antes de dar el gran salto? 

No he tenido la ocasión de hablar conmigo misma en este sentido, pero un cambio así de importante lo que te crea es una especie de inseguridad bajo tus pies, la certeza de  que no hay nada estable.  En cualquier caso, también me ha hecho darme cuenta de que el próximo disco podría ser en francés o incluso en un idioma que me invente. Todo está por descubrir y por hacer. Te abre la mente y los caminos. Es una inseguridad sana. 

¿Tenía un significado especial para vosotros anticipar el disco con una declaración de intenciones tan contundente como las que presentan ‘Hotel Honduras’ y ‘La sombra’?

La verdad es que la decisión se basó exclusivamente en el orden cronológico en el que se fueron creando las canciones. La intención es que el público vaya siguiendo también la evolución de estos temas con el orden lógico en el que nacieron. 

¿Hasta qué punto cree que un artista puede escribir una canción sin volcar algo de sí mismo en ella? Es decir, ¿cuántas dosis de realidad y ficción hay en estas nuevas canciones?

En mi caso, casi todo el material que creo y escribo, ya sea en poesía o música, tiene un noventa por ciento de autobiográfico. Y en el caso de que no sean cosas que me ocurran directamente a mí, son elementos que suceden a mí alrededor, que veo, leo, escucho, huelo o siento. No se componer de otra manera. En mi caso hay mucha verdad porque es lo que siento, no hay disfraz. 

El sonido que recorre estos anticipos tiene mucho de esencia Clara Plath, pero también parece apostar por una rabia y un magnetismo más desnudo. ¿La crudeza era un elemento esencial cuando empezaron a trabajar en las canciones de ‘Oscura’?

Sí, efectivamente. Además, queríamos que fuera un disco conceptual. Rober ha tenido muy en cuenta el sonido que quería darle a cada canción para que tuviera una unidad, un sentido. Ha buscado la simplicidad, aunque en él es complicado porque hay mucha música en su cabeza (risas). Entonces, más que crudo, sí que sería un tipo de sonoridad buscada y nada gratuita. Es decir, existe una intención de que el sonido sea un poco industrial, oscuro, rudo, incluso agresivo en ocasiones, pero con mucha melodía y musicalidad. Y la culpa es de Rober. 

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Este inminente abrazo al lado más oscuro de su música, ¿de qué manera pretenden que afecta a sus composiciones previas a la hora de dar el salto al escenario?

La mayor dificultad que nos encontramos es que es casi imposible llevar estas canciones al directo con una banda al uso, puesto que hay una musicalidad y unos sonidos bastante complejos. Por eso, en el directo vamos a ser osados y atrevidos y lo defenderemos Rober y yo a solas con la ayuda de proyecciones, elementos pregrabados y nuestros clásicos cacharretes. Estaremos los dos solos ante el peligro con el objetivo de hacer una puesta en escena a la altura de las canciones.

En 2017, se publicaba su segundo poemario, ‘Pequeña soy yo’, con el que daba continuidad a su faceta literaria. En ese sentido, ¿qué diferencias existen entre su forma de escribir un poema y una canción? ¿Se enfrenta de manera distinta a la hoja en blanco teniendo en cuenta el destino?

Para mí son dos herramientas diferentes. Anteriormente, la diferencia estaba clarísima porque usaba el inglés para las canciones y el español para los poemas, pero ahora que sale todo de la misma sensibilidad, lo que lo diferencia es la manera de plasmarlo. En ese sentido, para los poemas comienzo sobre la hoja en blanco, pero para las canciones cojo la guitarra y empiezo a improvisar palabras y acordes. Dejo fluir mi imaginación al servicio de la música que voy creando y todo lo relacionado con la letra viene después.

En su condición de constructora de versos, ¿corren buenos tiempos para la poesía en el rock?

No concibo un lugar mejor para la poesía que el rock. Y claro que corren buenos tiempos, siempre lo han sido. El poeta está totalmente desnudo ante la realidad y los versos invaden todos sus poros, así que el rock ha sido, es y seguirá siendo el grito desgarrado del poeta.

Fotos cedidas por Clara Plath


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