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Empecemos por las últimas noticias. Su nuevo proyecto, ‘Live Sessions’, replantea, en cierto modo, el concepto del McMartin Show. ¿Qué buscaba con esta renovación de su espectáculo y que nos vamos a encontrar en él?

¡Hola, Alberto! Un placer, como siempre, hablar contigo. Cuando estábamos comenzando a diseñar el nuevo directo, sentía que era el momento de hacer algo más elegante y evocador: un escenario en el que sentirse arropado e inspirado; un sonido más cuidado en el que los matices tienen suma importancia. Supongo que se acerca más al formato de música que escucho últimamente en casa y en el coche. Antonio Navarro-Eriatarka, que ha dirigido la producción de directo, ha sabido captar y reflejar perfectamente esa esencia. Aparte de su labor dentro de la música, ha trabajado en teatro y por toda Europa, y se nota. Nos conocíamos de la grabación de ‘Masquerader’, nos había sonorizado en algunos conciertos y, desde antes de iniciar las conversaciones para este nuevo proyecto, sabía que él tenía que ser la persona que lo dirigiese.

Intuyo que marcará de manera definitiva la esencia y la forma de la gira ‘SoulLovers’.

El objetivo es llevar este directo a todos los lugares posibles, aunque entendemos que habrá ocasiones en las que tendremos que adaptarnos a las condiciones del lugar y evento. No es lo mismo, por ejemplo, tocar en una sala, sólo tú, con tu tiempo para decorar el escenario, que compartiendo cartel con otras bandas en un festival, donde los cambios han de ser rápidos.

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¿Cuáles han sido las lecciones más valiosas que le ha dejado el maravilloso ‘Masquerader’, su último EP publicado, a la hora de enfrentarse a esta nueva etapa de su trayectoria?

Son muchas las cosas que aprendí durante el proceso de creación del disco y después del mismo. Y lo que me quedará. A nivel artístico, podría destacar la forma de acercarme a mis canciones, quizás buscando más honestidad (y menos ornamentación), tratando de que cada grabación no sea más que el reflejo de dónde estoy en ese momento.

En su nuevo single, el espléndido ‘Saturday Night’, he detectado una mayor presencia de coros para resaltar el músculo melódico de la canción. ¿Es un recurso al que le gustaría ir dando todavía mayor importancia en sus próximos temas?

Las armonías vocales siempre han sido muy importantes para mí, y creo que lo seguirán siendo en el futuro. Me gusta mucho cantar y sentirme respaldado por más voces. Se genera una gran energía dentro y fuera del escenario. En ‘Masquerader’, Saray Melo hizo un trabajo exquisito en los coros. Y era esencial que este elemento también estuviese presente en las ‘Live Sessions’. Carolina y Xiluva lo hicieron muy bonito.

¿Se considera un obsesivo de los pequeños detalles en términos musicales?

Sin duda alguna. Pero no sólo componiendo o arreglando. Cuando voy a un concierto o escucho un disco son esos pequeños detalles los que me sacan la mayor sonrisa de admiración de toda la noche.

¿Sigue pensando que el músico debe estar siempre al servicio de la canción? ¿No se pueden hacer pequeñas trampas en esas negociaciones musicales?

A nivel personal, yo sigo acercándome a las canciones de ese modo. Las escucho, las siento y trato de vestirlas, de forma que los arreglos resalten sus mejores cualidades. Entiendo, sin embargo, que haya personas que lo hagan de otro modo. Cada artista es un mundo, y no creo que haya un único modus operandi válido.

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¿Qué aporta cada miembro de su banda, formada por Bryan Vega (bajo), Julián Balibrea (guitarra) y Lorena Cortés (batería), a sus canciones?

Son muy buenos músicos y da gusto tocar con ellos. Cuando llego al local de ensayo con las canciones y los arreglos, sé que el resultado va a ser bueno. Entienden qué quiero transmitir con las canciones y el show y saben añadirle su personalidad: Bryan y Lorena aportan alegría y pasión; Jules es pura elegancia, un músico con el que me entiendo bastante bien, lo cual, cuando tocas, es una maravilla. Un lujazo.

Ha llevado su más que recomendable directo a numerosas iniciativas celebradas en plena calle. ¿Cree que un concierto a ras de acera es la mejor manera de tomar el pulso musical a una ciudad?

No necesariamente. Hay muchos asistentes a grandes festivales, celebrados al aire libre, que luego no pisan una sala de conciertos. Creo que el carácter cultural de una ciudad se puede percibir más en los pequeños o medianos eventos, a lo largo de todo el año. Y, también, viendo si las instituciones públicas apoyan a los emprendedores del sector (artistas, promotores, dueños de salas, etc.), para que puedan seguir realizando su trabajo de modo sostenible.

El soul, probablemente el género que más se pueda ligar a su propuesta, siempre ha tenido una manera muy concreta de potenciar la relación entre el público y el artista, llegando casi a un nivel espiritual. ¿Trabaja con especial interés esta conexión? ¿De qué manera cree que se puede generar estas sensaciones tan potentes desde un estudio?

Muchos de mis discos favoritos son grabaciones en directo, con público. Y esa conexión de la que hablas es uno de los rasgos fundamentales de la música, si entendemos ésta como un lenguaje. A la hora de entrar al estudio, y quizás buscando esas sensaciones, creo que es muy importante tener en mente a esa persona a la que tienes delante cada vez que te subes al escenario. Esa persona es un factor crucial de tu directo y no puedes dejarla fuera de la grabación. En mi caso, cuando grabo, toco y canto para ella, tratando de contarle algo.

¿Qué rutas musicales le gustaría trazar en el futuro?

¡Mi mente nunca para! Me gusta pensar que, en el futuro, puedo llevar este proyecto por distintos caminos, a nivel musical, según lo vaya sintiendo. Creo que es el reflejo del crecimiento natural de un artista. De este modo, he compuesto temas con influencia del gypsy jazz, folk o blues, entre otros estilos, y en el futuro me gustaría probar, por ejemplo, con el tango. Últimamente estoy acercándome cada vez más al jazz, tratando de aprender. Con mucho respeto, eso sí.

En ese sentido, ¿en qué punto se encuentra el tan ansiado LP de Alv McMartin?

Las canciones están, pero ahora falta encontrar la financiación. ¿Para qué te voy a decir otra cosa? Éste es un proyecto autogestionado, en el que hay muchos gastos de base; y un disco, cuando se quiere hacer bien, conlleva una inversión económica bastante fuerte (sueldos de músicos, alquiler de estudio y material, grabación, mezcla, masterización, diseño, copias, trámites legales, promoción…). Mi papel, ahora, es entender cuál es el siguiente paso a dar y tratar de hacerlo de la mejor forma posible. Además, tampoco sé si un LP es la opción más adecuada en este momento, viendo cómo está el mercado.

En todas nuestras conversaciones, siempre ha demostrado una actitud y una honestidad que me parece digna de aplauso a la hora de hablar de las dificultades que se encuentran los artistas recién llegados a la hora de entrar en el panorama musical. ¿La crudeza siempre es la mejor herramienta a la hora de plantear esta lucha?

En mi opinión, antes que crudeza, diría que los problemas hay que tratarlos desde la transparencia, honestidad, humildad y con el mayor conocimiento posible. Y sabiendo que, muy posiblemente, vas a encontrar más oposición que ayuda. Pero hemos venido a jugar. Además, también añadiría que estas dificultades no sólo afectan a los recién llegados, sino a muchos profesionales que llevan muchos años en la industria musical y que se las ven y se las desean para poder hacer su trabajo de forma digna.

En términos regionales, ¿cuál cree que serían la cara y la cruz de nuestra escena musical?

Hay muchísimo talento, sin duda. Pero, desde arriba, ese talento no se cuida ni se fomenta lo suficiente. Al igual que ocurre en la economía o en la investigación, hay personas con capacidad para llegar muy lejos. Y muy lejos es el lugar al que deben ir si quieren desarrollar sus carreras profesionales.

Fotos cedidas por Alv Mcmartin


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