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Por lo que me ha llegado, todo comienza en Arco 2018, ¿verdad?

Diego Lobenal: Algo así. El principio fue interesante. Tras un seminario en Murcia con Miguel Ángel Melgares – nuestro primer acercamiento al mundo de la performance -, decidimos hacer un proyecto en Madrid alquilando una furgoneta y presentando nuestro propio proyecto en el exterior del recinto de la feria ARCO. Siempre habíamos ido como espectadores pero esta vez queríamos participar y hacer nuestro trabajo también con un componente de crítica a la propia institución. 

Empezamos a pensar cómo hacerlo y se nos ocurrió hasta llevar camiones pero miramos el numero de cuenta y decidimos contenernos. Aurora dijo: «Esta vez vamos a ir y vamos a invadirlo». Y, ¿cómo nos llamamos? Feria Ambulante de Arte Kontemporáneo (con k). 

Decidimos hacer un circuito performativo. Dividimos la furgoneta en dos, y el día, en horas. Cada persona ocupaba un espacio y la gente iba entrando y saliendo.

Murcia Inspira - “Yo soy la obra y si me quieres como obra, invítame a cenar. ”

¿Dónde colocasteis la furgoneta?

D: En las inmediaciones de ARCO. Donde nos dejaron, básicamente.

Y la gente entraba o salía de ARCO y se acercaba, ¿verdad?

D: Sí. Hicimos también una señalización en el suelo con flechas para que pudieran encontrarnos. Se repartieron octavillas para que la gente viera de qué iba el rollo. 

Joaquin Martinez Berenguelse puso un móvil en la cabeza y retransmitía todo lo que iba pasando en la furgoneta y dentro de ARCO de modo interactivo y a tiempo real. Las piezas que tuvieron lugar allí fueron el origen de lo que serían nuestros trabajos posteriores.

¿Pasó mucha gente a verlo?

Aurora Rodríguez: Pasaba gente constantemente. Por ejemplo, a la performance de Diego, que era más de calle, vino mucha más gente que a las de la furgoneta que eran muy íntimas, pero hubo un chorreo constante. A veces pasaba gente por allí que iba paseando al perro y se preguntaban qué era aquello. Me acuerdo, de hecho, de una chica que vino, entró y luego volvió con su madre. Y eso que eran experiencias bastante intensas porque eran individuales la mayoría.

Entrabas y, ¿qué te podía pasar?

D: A mí, la de Lucía (Gambperra) me gustó mucho por ser una critica al arte. Se rapó entera, se tatuó la firma de R Mutt y se pintó entera de blanco encarnando el urinario de Marcel Duchamp. Lo que proponía su pieza era recuperar la utilidad del urinario quitándole el valor artístico. De hecho la gente, si quería, podía mearle. Y nos sorprendió la buena respuesta que tuvo. Ella planteaba un provocación y la gente entraba en ella. Estaba pasando allí, en el espacio público, era increíble.´e¿Os parece que la respuesta del público fue entonces y sigue siendo positiva hacia vuestro trabajo?

D: Sorprendentemente, sí. Hemos trabajado con cosas que, a priori, puedes pensar que son bastante difíciles y en las que la gente no va a participar, como por ejemplo, en una acción en la primera noche de los museos que participamos, que me tatuaron la cabeza. Pensaba que nadie lo haría. Al revés, me tatuaron muchísimo.

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¿Y si la gente te hace daño?

D: Bueno, ese el compromiso de la pieza. Teniendo en la cabeza tantas performances en las que el dolor es protagonista no podemos rebajar la intensidad. Por eso, forma parte de ello. Piensas que la gente se va a echar para atrás, pero en realidad la gente está deseando participar, y eso es algo que tenemos muy en cuenta, la interactividad de las piezas, porque al fin y al cabo la gente se ha cansado de ser pasiva. Y creo que tiene mucho que ver con las tecnologías. Hoy en día estamos todo el rato interactuando. Ir a un museo y no pretender interactuar es raro. Cambiar la mentalidad de los que gestionan y programan también es responsabilidad de los artistas.

¿Sois un colectivo cerrado?

D: No, la gente entra y sale. Fluctúan. Vamos conociendo gente y participan según las necesidades de los proyectos. Por ejemplo, en la última intervención hemos contado con personas que, ni siquiera, tienen que ver con el mundo del arte. Quizás sí con el de la creación, como es el caso de Pedro Lobo, pero no directamente con el arte como tal. Tenemos la convicción de que cualquier persona puede expresar cualquier cosa y lo fomentamos. La verdad es que funciona súper bien.

Vosotros, más que centraros en el mundo del objeto, os valéis de las experiencias, de performances, ¿verdad?

D: En nuestro colectivo cada uno tiene su imaginario y su historia diferente. Por ejemplo, yo trabajo más con mi cuerpo, con el recuerdo y la memoria. Me tatúo, escribo historias sobre mí… Los objetos utilizados son solo complementos y no hay nada puramente comercializable. Yo soy la obra y si me quieres como obra, invítame a cenar. 

A: En mi caso, sí creo que hay un matiz más objetual. Son más ellos y el entorno. No hay una negación al objeto como tal. De hecho, en lo que vengo haciendo últimamente, hay un peso muy fuerte en él.

D: Lo que hace Aurora es redefinir ese objeto. Son elementos que pasan desapercibidos, cotidianos, a los que ella les da un valor, sobre todo de memoria, que es en lo que está trabajando ahora mismo.

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Los integrantes del colectivo, ¿proyectáis las piezas por separado, o ha habido veces que planificáis juntos un mismo proyecto?

D: Generalmente planteamos una historia, pero la realidad es que en general tenemos inquietudes muy parecidas con intereses diferentes. Y nos enriquecemos unos de otros. Planteamos cosas en común y a veces sale así o por separado. En SE ALQUILA trabajamos juntos, por ejemplo. Nos encanta FAAK porque no es cerrado. Las cosas van surgiendo de manera natural. 

¿Qué temas son los que más os interesan o sobre los que más incidís?

A: La intimidad, el tabú, lo colectivo… Lo político es muy fuerte, tiene que ver mucho con las disidencias. Lucía trabaja mucho desde la sexualidad. En mi caso, el factor político de la familia. Diego con el de la identidad y la memoria. Ada, como colaboradora, ha trabajado con el mundo de los afectos y la falta de ellos, el roce de los cuerpos… Marta Miras está muy comprometida socialmente, muy interesada en trabajar con la ecología y lo popular. Juana Martínez Caballero sobre los feminismos, la menstruación. Joaquín con los nuevos medios. Zara ha incorporado la infancia…

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En realidad es perfecto porque representáis, entre todos, los temas que más interesan hoy. ¿Qué os impulsó a la práctica artística?

D: En mi caso, lo he perseguido de forma inconsciente toda mi vida. En el mundo de los estudios me he sentido súper frustrado porque la educación al uso no conectaba con mi manera de funcionar, y al final siempre he buscado algo que tuviese que ver con la creatividad para expresarme de algún modo. He estado frustrado durante muchos años y acabé en Bellas Artes encontrándome con otra gente que estaba igual que yo. Gente con las mismas inquietudes, un lugar donde poder expresar mi manera de ver el mundo.

A: En mi caso, siempre he ido muy encaminada al mundo de la creatividad. No había lugar a dudas.

¿Qué creeis que se debería erradicar en la practica artística contemporánea?

A: Se gasta mucho dinero en artistas que ya no aportan nada al panorama artístico actual. Hay espacios muy chulos copados por las viejas glorias. Al final, se cae en convertir la obra en un producto que se reproduce una y otra vez. Obras vacías que llenan todos esos sitios. Lo bueno de eso es que surgen, por necesidad, otros espacios diferentes como el nuestro: Espacio Incógnita.

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El Espacio Incógnita se encuentra en la calle Siervas de Jesús, en pleno barrio murciano de Santa Eulalia.

¿Qué podéis contarme de Espacio Incógnita?.

A: Las inquietudes que teníamos con el colectivo y no sabíamos dónde meterlas, las hemos metido aquí. Y nos hemos dado cuenta que en Murcia hay muchísima gente que no tiene un sitio donde hacer sus cosas y hay un panorama súper creativo. Está siendo enriquecedor. No sé si es por la descentralización, que la gente se está yendo de Madrid y Barcelona por lo caro que es y muchos no se van, o vuelven, o vienen de nuevas. Pero de repente está viniendo gente haciendo cosas súper interesantes. ¡Y estamos descubriendo cada maravilla!

D:. Lo llevamos Aurora, Priscilla y yo, con Andoni, nuestro filósofo y comisario. 

Volvemos al colectivo. ¿Tenéis algún tipo de ideario como colectivo? 

D: En cuanto al ideario no hay ninguno como tal, pero muchas de las cuestiones están intrínsecas en nuestro trabajo.  Nuestro trabajo artístico es también de investigación. Necesario para poder saber de lo que hablamos y porqué hemos llegado ahí, a esos temas políticos que nos incumben. 

¿Hay algo que no quepa dentro de FAAK?¿Existen limitaciones de algún tipo?

D: Para mí, las limitaciones están en el arte que daña. El arte que no es respetuoso. Por ejemplo, no podemos hacer acciones sobre medio ambiente sin tener conocimiento de lo que estamos haciendo. En eso, Marta nos insiste mucho. También el límite está en ser consecuente. 

A: Para mí, el límite está en que el trabajo se convierta en un producto, en una reproducción de algo que funciona. Me gustaría mantenerme en la investigación constante.

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¿Qué pensáis del arte hoy? ¿Puede el arte cambiar o contribuir en algo?

A: El arte siempre que funcione como una herramienta de investigación, y no como un producto, claro que puede generar cambios, sobre todo cuando hay un compromiso y un planteamiento. Permite plantear cuestiones. Yo, por ejemplo, a nivel personal, he visto cambios. La acción que llevé a cabo en el Centro Párraga con mi padre, le funcionó a él y a mí. Son cambios personales compartidos que conducen al empoderamiento.

(Nota de la redactora: La acción consistió en que el padre de Aurora, albañil, fue construyendo cuatro paredes que la encerraban, durante cuatro horas. Tanto ella como él participaron de forma activa. Aurora se sorprendió gratamente de su constante preocupación por cómo iba a poder salir de allí, así como por la manera de colocar los ladrillos para que estuviese menos aislada y pudiese comunicarse con el exterior. Aquel espacio se convirtió en un confesionario. Ella llevaba sin ver a su padre ocho años. Se alejaron siendo ella una niña y este momento fue de una particular intimidad. Acudió mucha gente que habló con ella. Previamente, pensaba que iba a ser una obra muy silenciosa y estática, pero fue tremendamente interactiva. Pudo entender que mucha otra gente empatizaba por traumas en torno a la figura paterna).

D: El arte es una herramienta de cambio, aunque sea a título personal. Y eso al final tendrá un valor en la sociedad. Hoy se ha convertido más en una herramienta que en una disciplina, por así decirlo. Cada vez se van a dar una serie de corrientes que tienen que ver más con ideas y menos con nombres propios.

www.faak.es

Fotos: Paula Mínguez

Entrevista: Belén Conesa


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