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Decía Thoreau que “el mundo no es sino un lienzo para nuestra imaginación”, algo que parecías tener muy claro desde niña, cuando te iniciaste en el mundo de la pintura y te pasabas las horas dibujando sobre papeles.

Tenía once años cuando empecé a ir al taller del pintor José Hernández en Fuente Álamo de Murcia. Hasta entonces tengo la sensación de que no había dejado de dibujar, pintar, crear mil historias. Pero creo que si me hubieran preguntado en esa época si pasaba todo mi tiempo dibujando, como me cuentan, y con mis cachivaches de papeles, cartón y pinturas, hubiera pensado que no. Era divertimento puro, y sin conciencia de la dedicación que tenía. Tal vez fue el contacto con José Hernández lo que me hizo pensar que aquello era lo que no quería dejar de hacer. 

Tus obras suelen ser fotografías recuperadas o reinterpretadas en pinturas que actúan de ligazón entre pasado y presente, como una escritura del tiempo a través de lo visual. Como si adoptaras el rol de una ‘historiadora’, como lo es el artista para Walter Benjamin en su obra El libro de los Pasajes ¿Por qué tiene tanto peso para ti el pasado? ¿Cómo trabajas la relación entre recuerdo y olvido?

Mi pasado es lo que me hace ser como soy, esa es la importancia. Que lo arrastramos y se cuela en el presente.

Me preguntas también por la relación entre recuerdo y olvido. Alguna vez he pensado que el hacer artístico es para mí una especie de juego de equilibrio: quizá todo podría resumirse en que el trabajo lo hago para anclar determinadas cosas, para desprenderme de otras. Recordar y olvidar.

Murcia Inspira - “El miedo a la ausencia de memoria habla en definitiva del propio miedo a dejar de ser”

Tus obsesiones como artista, ¿Qué te perturba?

Mis obsesiones como artista son las mismas que como mujer, madre, hija… Tengo muchas y es duro sacarlas así, en crudo. Supongo que por eso salen mediante la obra, como si así pudiera ser menos explícita, ya no sólo frente a los demás, sino ante mí. Creo que si dejara de tener obsesiones ya no necesitaría continuar. 

En tu trabajo reflexionas sobre la identidad, los afectos y el paso del tiempo. ¿Son esas las mayores preocupaciones en tu obra? ¿Cuáles son los temas que más te interesan en tu trabajo artístico?

El tiempo en mi obra está muy vinculado al tema de los afectos: en algunas pinturas, por ejemplo, veo un no querer alejarme de lo más querido, como si con ellas tratara de mantener intacto lo que podría llegar a desvanecerse. En muchos sentidos eso habla ya de la impermanencia, que es otro de los temas que subyace en mi trabajo. Pero el tiempo no solo está en mi obra bajo esta idea de finitud, sino también como esa sustancia de extraña porosidad que va haciendo que el pasado persista en el presente, y que a veces el presente se me antoje perdido o muy lejano. De todas formas, estos son análisis que suelo hacer una vez hecho o avanzado el trabajo. Me refiero a que, en la práctica, no me suelo plantear a priori si voy a hablar de esto o de lo otro. Cada obra tiene un detonante que despierta mi interés por hacerla. Después, pensando en el por qué, veo que todo gira siempre en torno a lo mismo: el amor, el miedo, el miedo a la impermanencia, las heridas, los vínculos… Las cosas de estar vivo.

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Háblanos de tu trayectoria profesional.

En los últimos tres años he expuesto de manera individual, entre otros sitios, en la Galería Espacio Valverde de Madrid, el CEART de Fuenlabrada, El Butrón en Sevilla, Espai Rambleta de Valencia con motivo de ganar la V Beca de Produción e Investigación Artística, y en Galería Víctor Lope de Barcelona. Han sido unos años de muchas alegrías. Una de ellas, sin duda, empezar a trabajar con Víctor Lope. Hace poquito que finalizó El orden de los días – mi última individual – en la galería de Barcelona, y también hemos hecho bastantes ferias en el último año, como VOLTA Basel, Swab, Estampa o Art London. 

¿Dónde podemos ver tu obra actualmente? 

Actualmente se puede ver mi proyecto El origen del mundo en el Centro Párraga de Murcia, en la exposición de las Becas ICA. El Párraga es un espacio maravilloso, así que es una suerte poder presentar aquí el trabajo. En lo sucesivo tengo a la vista proyectos muy ilusionantes también. El más inmediato, en una galería fantástica en Londres, Charlie Smith London.

En nuestra época actual en la que acumulamos miles de fotos, la mayoría de nosotros aún conservamos un álbum familiar, destacando aquellas en él aquellas fotografías del pasado que tienen una carga afectiva. Sobreviviendo la idea de álbum familiar como consideraba Foucault que, desde la segunda mitad del siglo XX, viene siendo objeto de estudio para numerosos artistas, como técnica de archivo fotográfica, como objeto (de culto), como documento que el tiempo ha transformado en monumento, ¿Cómo vives tú el uso del álbum familiar en la creación artística, siendo una práctica social en la época digital que vivimos?

He trabajado en varias ocasiones a partir del álbum familiar, pero sin duda es Los nombres mi proyecto de más envergadura. Es una obra que empecé a hacer de una manera muy impulsiva, tras encontrar ciertas fotografías familiares de las que no lograba hacer una lectura clara, en las que apenas podíamos poner nombre a los retratados. Estas imágenes me tenían fascinada y empecé a dibujarlas, dejando unos espacios para poner unos nombres que sabía no lograría poner. Hice este trabajo en un momento muy sensible de mi vida, y supongo que aquellas imágenes se me pusieron delante porque necesitaba hablar de memoria, de identidad, de las conexiones intergeneracionales (mi doble maternidad estaba muy reciente) y de la muerte, porque el miedo a la ausencia de memoria habla en definitiva del propio miedo a dejar de ser. Durante quince meses estuve realizando esta serie de dibujos, durante varios miles de horas, en un dibujo lento y minucioso que me llevaba, con cada retrato, a pensar en unas vidas de las que sabía nada o casi nada. Creo que el detenimiento, el tiempo invertido en estas imágenes, en contraste con la manera que tenemos de visionar la cantidad de fotografías que generamos en la actualidad (apenas un barrido) es uno de los elementos fundamentales de este trabajo, como si con ello tratara de compensar la frustración que surge al comprender que pronto es tarde para recuperar la memoria, y al vislumbrar que quizá cada historia esté condenada a terminar en uno mismo. Así que el álbum familiar se me presenta como un tesoro, y viéndolo, me gusta pensar que estamos llenos de trozos de vida de los que nos precedieron, aunque no logremos ponerles nombre.

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En tu obra utiliza distintas técnicas artísticas como la fotografía, la pintura, la instalación… ¿dónde te sientes más cómoda? 

En la pintura, sin duda, la amo profundamente. Cada obra me pide trabajar de una manera, y eso me encanta, pero no puedo vivir sin pintar. Me parece además lo más revolucionario; una pausa en medio del ruido; como el dibujo, en realidad.

¿Dónde buscas inspiración? ¿Cuál es la mayor satisfacción que te ha dado el arte?

La inspiración la da la vida. No creo que busque la inspiración, busco la manera de completar un trabajo, de afinar su formalización, pero el inicio, los detonantes o los hallazgos que me llevan a hacer una obra se van presentando solos. Sólo hay que estar atento para verlos. Precisamente mi último trabajo “El origen del mundo” habla en gran medida de esto, de cómo la capacidad de asombro es esencial en la vida.

¿Cuáles son tus influencias artísticas? 

No sé, me cuesta muchísimo responder a esto, supongo que todo lo que nos llega es una influencia. Más que pensar en autores, me vienen más fácilmente algunas obras que me atrapan: La historia de Nastagio degli Onesti, de Botticelli, por ejemplo.

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Eres artista, pero también mujer y madre. Vives la misma realidad de muchas mujeres creadoras hoy en día, ¿Cómo se relacionan estas tres facetas en tu día a día?

Como mujer artista me he tragado muchas cosas cuando era más joven. Nuestra presencia en museos, galerías, etc. era escasísima, como sabemos, y venía siempre justificada con un “es que hay menos mujeres artistas”. Mujeres artistas había muchísimas, en realidad, pero que no lograban sobrevivir a un sistema social y artístico que las iba apartando. He visto a compañeras excepcionales ir dejando sus carreras porque han tenido que sortear muchos más obstáculos: galerías reticentes a trabajar con mujeres, coleccionistas con reparos a comprar obra a una mujer que puede ser madre y dejar su carrera, pintores que reconocen el trabajo de sus otros compañeros hombres (artistas que los veo llamarse “maestros” entre ellos pero que a menudo miran con condescendencia el trabajo de una mujer), entornos que atribuyen cierto lujo o privilegio no merecido al hecho de ser mujer (¡y aún más, madre!) y dedicarse al arte, como si fuera algo que no nos pudiera estar permitido.

Afortunadamente no siempre, pero esto sigue siendo así en gran medida. La mejor noticia es que hay más toma de conciencia, pero está claro que sigue siendo una realidad. Institucionalmente se trata de actuar ante esto, pero muchas veces desde una manera muy superficial. Acabamos de pasar el 8M y cada año veo como proliferan galas del día de la mujer, exposiciones de mujeres…, a menudo incluso con cierto aire machista. Desde luego, el verdadero avance vendrá de operar en lugares más profundos, que tienen que ver con la educación. En este sentido, como madre espero poder ofrecer otro modelo a mis hijos. En realidad, yo soy una privilegiada, y es eso lo que me allana el camino: un entorno familiar que apoya mi trabajo, una galería que me representa trabajando de manera genial, y la suerte de poder llevar esto a mis hijos, el gusto de pasar ratos en el estudio y poder relacionarme con ellos también desde la creación.

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¿Qué te aporta Murcia como artista?

Vivo y trabajo en la Región de Murcia (Fuente Álamo); casi todo mi tiempo lo paso aquí. Pero no participo mucho de la vida cultural de la región (inauguraciones, actos…) porque tengo dos hijos pequeños y la mayoría de eventos me coinciden con asuntos de alta importancia. Llevaba muchísimo tiempo sin exponer en Murcia, y justo ahora presento este proyecto en el Centro Párraga por las Becas de Artes Plásticas del ICA. Así que me encuentro agradecida, por exponer cerca de casa y, especialmente, por el apoyo del Instituto de las Industrias Culturales.

¿Qué crees que se puede mejorar del sistema del arte en nuestro contexto occidental y europeo?. Algo que podamos mejorar y que debamos eliminar del sistema. 

(Risas) Quizá sería el propio sistema lo que habría que eliminar. Esta pregunta es enorme. Pero lo primero que me viene es el contexto español. A veces me apena mucho lo que veo. España es un país de enormes pintores (me refiero a actuales), pero en cierto modo se reniega de ellos. Aquí hemos tenido muchos de los mayores milagros pictóricos que se han dado en la historia pero no sé qué tipo de culpa pesa, o complejo, que es difícil que a un pintor se le sitúe en primera línea del sistema. No es así en otros países, donde la pintura es muy apreciada. En un movimiento parecido, encuentro que con frecuencia lo de fuera es más apreciado que lo nuestro. Se ha hablado mucho estos días sobre la no inclusión de ningún artista español en la Bienal de Venecia, y no sé de qué nos extrañamos, la verdad, si en casa a menudo preferimos traer de fuera antes que trabajar por posicionar lo propio (véase ARCO, por ejemplo, donde quedan excluidas estupendas galerías españolas frente a extranjeras de igual o inferior nivel). Y no es que yo tenga un especial interés en hacer patria, pero luego no nos debería extrañar que tan pocos artistas españoles cobren presencia internacional. Pero bueno, esto es hablar del sistema, que es un tema interesante, pero no deja de ser un tema de negocios, no de arte. Como te decía, lo mejor para el arte sería que no existiera ese sistema.

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En sintonía con el trasfondo de tu obra me resulta evocador que concluyamos esta entrevista con unas palabras del escritor, crítico, profesor de arte y amigo, Miguel Ángel Hernández, de una de sus últimas novelas:

«Sé que algún día todo se borrará para siempre. Pero ahora sé que las imágenes continúan reverberando, como un eco, siempre, incluso cuando ya no queda nadie para recordarlas.»

Fotos: Fran Bécares


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