Murcia Inspira - Carta dedicada a mi punto de partida

Yo, que siempre me he considerado invierno, he acabado entendiendo que no, que soy de nuestro invierno. Ese que te invita a salir a medio día a los bares de siempre con los amigos de siempre.  Admito que tus veranos son algo más complicados, pero nuestra relación no podía ser perfecta. Ninguna lo es. Aunque me conoces tan bien que siempre tienes planes que ofrecerme, como un concierto en la playa o una noche de cine al aire libre y claro, cómo no te voy a perdonar…

También echo de menos no poder elegir si ir andando o en transporte. No te ofendas, no te estoy llamando pequeña, pero sí práctica, y eso es bueno. Sigue conservando y cuidando tan bien a la gente que te forma pues su cercanía no se ve en cualquier lado. Creo que eres de los pocos lugares donde es tan fácil hacer y ser amigos.

Sí, los productos de tu tierra son únicos y se nota. Y sí, cuando voy a un restaurante sigo pidiendo marineras por si apareces. Creo que necesitas saber que, fuera, tu acento cae bien. No lo oyen con risa malvada, sino con una amigable y cariñosa. Pero admito que se materializa en radar. Automáticamente saben dónde venimos y una vez decimos: “sí, de Murcia”, esbozan un: “¡bonito lugar!”. Debes estar orgullosa.

Murcia Inspira - Carta dedicada a mi punto de partida

También de todo el talento que formas y vas extendiendo por el resto de la geografía. Eres como la cuna de su arte. O si no, mira Viva Suecia, que ya ha conseguido hacer sold out en salas de Madrid como La Rivera. O Marcelo Criminal, quien ha llamado la atención de la mismísima “Amaia Reina de España”. Por mencionar solo algunos pues, por suerte, la lista es sumamente extensa.

Haces que me sienta un poco madre, porque conforme pasa el tiempo, puedo apreciar en ti pequeños cambios fruto de tu crecimiento. Edificios nuevos o reformados para un nuevo uso, otros que han dejado de existir, ofertas culturales distintas, gente que emprende nuevos proyectos… El tiempo no espera pero tú sabes sacarle partido.

He llegado a la conclusión de que quizá seas un poco adictiva porque aunque me haya marchado, siempre ando volviendo.